No matemos a los monstruos

A veces siento estar tan sola...que me dan ganas de vomitar.

Sé que tengo buena compañía, la vida me ha tratado bien, es esa soledad que está con nosotros. El cuerpo dividido siempre. Como si fuera capaz de desdoblarme y mirarme a mi misma cómo tomo un té, me baño, converso con alguien, miro por la ventana... 
En el fondo, todos sabemos que estamos solos. Es sólo que no pensamos en ello para no llorar o volvernos locos. No sé si eso sea una reacción, a veces no hay mejor compañía que la soledad y cuando te quedas pegado ahí qué buena sensación es ver a otro humano como tú con los mismos sentimientos al fin y al cabo. 

Es curioso como el cuerpo se manifiesta frente a los sentimientos,
incluso aquellos que son difíciles de describir, por ejemplo; si estoy nerviosa
me duele el estomago, si tengo sueño me duele la cabeza, si estoy en la playa
mi cuerpo corre por la arena y no puedo controlarlo.

A veces pienso que mi cuerpo tiene un corazón aparte, mejor dicho un alma aparte, mi cuerpo es mi pequeño animal, tiene vida propia, y yo y mis sentimientos estamos en otra parte, 
mi cuerpo y mis sentimientos han creado este pequeño monstruo que soy y que mi cabeza alimenta con cosas buenas y malas, malas y buenas y así... 

No matemos a los monstruos, también están ahí para recordarnos que somos animales salvajes después de todo. 

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