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No hay duda que abusó del ácido

A veces se acercaba a hablarme de situaciones que él creía que yo sabía, pero nunca tenía la menor idea de lo que me decía. Yo lo escuchaba porque me divertía lo suficiente como para sobrellevar cualquier momento del día en que se dispusiera a hablarme o que nos encontráramos. 
En ocasiones podía ser un genio. Podía relatarme un hecho y luego parar, nunca sabía como terminaba nada, sin embargo días después o meses por fin terminaba de relatarme la historia. 
Podía suponer cosas por como se desenvolvía. 
Estudiaba arte, nunca vi nada de él, pero siempre deseé, porque su espíritu de fragmentación y desgarro inundaba su persona, además de ese aire tormentoso que lo rodeaba,  pensaba...sus obras deben volarte los sesos. 

Uno puede ver a la familia de las personas en la persona, siempre hay algo que se lleva, un gesto, una adicción, un patrón que se repite, un gusto. 
Sus padres eran mayores, ancianos. Siempre lo supe porque tomaba todo con calma, esa calma que tienen los mayores porque saben que morirán en cualquier momento. Una vez lo corroboró en algo que me decía acerca de su papá. 
 
Un día nos fuimos a tomar un vino al huaso Carlos y dijo un par de oraciones, durante una hora. 
No sabía que eran las once de la mañana. 
Era el ácido, le hacía creer que me hablaba cuando en realidad no estaba hablando.
Yo lo miraba, miraba sus ojos. su expresión me decía que me estaba diciendo algo, algo, que como era usual no podía comprender. 

Supe su nombre porque lo escuché de alguien, nunca se lo pregunté. 


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